martes, 30 de septiembre de 2014

SPOON/ Thet Want May Soul:



Justo han pasado 20 años desde que este combo de Austin (Texas) publicara su EP de debut. Los años han volado y sin darnos cuenta los Spoon se han ido asentando cómodamente en un segundo plano del circuito alternativo gracias a una extensa discografía (8 álbumes con el nuevo) que han ido construyendo y a un carisma espontáneo carente de aspiraciones. Aunque a decir verdad lo mejor siempre ha sido su particular sonido pop-rock debidamente regado por otros estilos (garage, folk, country, post-punk, art-rock…) plasmado en canciones a menudo cautivadoras.

Ahora, y tras el injustamente defenestrado “Transference” (2010), han publicado este confeccionado larga duración de preciosa portada que muchos ya lo han postulado entre las listas de lo mejor de este año. Y razones no les falta.

Ya desde que aparecen los primeros riffs acompasados con la batería para abrir “Rent I Pay” sabemos que nos van a convencer. Luego se añadirán las entregadas voces de Britt Daniel y los teclados para completar este fabuloso enérgico y marchoso medio-tiempo. En una línea parecida “Rainy Taxi” que luce con unos desgarros de guitarra que transcurren en medio de unos ritmos casi hipnóticos. La ambiental “Inside Out”relaja el tono y nos recuerda la infinidad de recursos de la formación que para la ocasión se abastecen de una arpa, un sampler, y ecos de piano perfectamente conjuntados. El claro single es “Do You”, de reconocible estribillo, es resultona aunque pueda llegar a aparecer facilona.

Lo mas flojo del álbum lo encontramos en “Knock Knock Knock” y su desorientada experimentación, mientras que el tono blues lo lleva la excepcional “I Just Don’t Understand”. Para describir a “They Want My Soul” nos tenemos que remontar a los primeros Spoon, con sus dosis perfectas de power pop y melancolía. “Let Be Mine”, en cambio, es una exhibición de guitarras rítmicas, a pesar que al final tiren un poco de teclados y de algún que otro efecto. Y para el cierre la popera “New York Kiss”, llena de reverberaciones y sintetizadores ochentenos, da una lección a todas aquellas bandas que han fracasado al intentar tirar por este sendero.

Es el poso de un disco para degustar sin prisa y sin pausa, poniendo especial atención a sus múltiples matices y arreglos, y sobre todo dejándose llevar por las sensaciones que van creando. Cucharadas del mejor rock de unos norteamericanos que dejan huella sin hacer demasiado ruido.

Por Alejandro Guimerà

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