sábado, 4 de abril de 2015

DISCOS DE 2015: SONS OF BILL- Love And Logic:


Abe, James y Sam son los hijos de un fallecido músico y profesor de universidad de filosofía y teología (Bill) al que se unieron dos amigos Seth Green (bajo) y Todd Wellons (batería) para formar esta banda que ya lleva prácticamente diez años de trayectoria semi clandestina y que con el anterior "Sirens" (2012) llamaron cierta atención del mundo indie. Gracias a ello lograron que el batería de Wilco Ken Coomer  les apadrinara y les produjera este disco que acabaron de remezclar Jim Scott  y Tchad Blake a los mandos de gente como Wilco, Black Keys, Arctic Monkeys, Crowded House, Tom Petty o los Rolling Stones por decir algunos (¡Casi nada!). Y eso se nota, pues los instrumentos suenan nítidos, compactos y cercanos. A las tradicionales guitarras, bajo y batería del rock añadimos acordeones, mandolinas, slide guitars, pianos, ... sin olvidarnos de unos fabulosos juegos de voces (en ocasiones hasta tercera voz) para lograr una combinación al alcance de muy pocos.
Una de las mejores piezas de la compilación es el medio tiempo "Big Unknown" con que se inicia con sus aires a los primeros REM. Otra, si no la mejor, es "Brand New Paradigm" con su derroche de lujuria musical, sus pinceladas vocales de fondo, toda la épica y los sentimentales pianos que parecen lágrimas de emoción de quien pone toda su alma en una sola canción. 
                             
También comparte categoría "Bad Dancer" con su energía vitalista más propia de otras bandas de hermanos coetáneas de generación como los Kings Of Leon o los Munford And Sons.  Aunque la delicadeza y el sentir musical es muy superior por parte de los Wilson. 
En "Arms Of The Landslide" encontramos un calco a lo que hacía la banda de Michael Stipe en los ochenta, aún así funciona sin que parezca un burdo plagio. Y es que lo bordan.
En la balada dylaniana "Road To Canan" tienen a Leah Blevins como invitada mientras que en "Lost In The Cosmos" homenajean a uno de sus ídolos, el líder de los Big Star Chris Bell.
Pero hay mas baladas en "Love And Logic" , al piano ("Fishing Song", "Hymnsong"), con slide ("Higher Than Mine") o de finales atronadores ("Light A light"). A decir verdad y para poner una pega a esta deliciosa banda, quizás es el exceso de baladas lo que les puede impedir crecer lo que debieran.
En cualquier caso, no sabemos si es por el modo de ejecución, por la pasión que se transmite en sus voces, por la sinceridad que evocan sus letras, por la amalgama de influencias con pedigrí, pero es que estos tipos de Virginia reinventan y actualizan un género musical que no parece tener fin en nuestros días. Además parece que aún tiene que llegar su mejor momento. Bendito country-rock, benditos hijos de Bill.


Por Àlex Guimerà 

viernes, 27 de marzo de 2015

JOAN BAEZ en el Palau de la Música Catalana (19/03/15):


Uno de los mejores aciertos de la presente edición del “Banc de Sabadell Festival Mil·leni” fue volvernos a traer a la dama de la canción Joan Baez (quien ya estuvo en el festival en 2010) y programarla para dos noches. Afortunadamente pudimos gozar de una de sus actuaciones, la del jueves, para ver cómo a pesar de la edad (74 años muy dignamente llevados) y a pesar de sus dificultades de afonía (incrementados el día siguiente), la neoyorquina fue capaz de ofrecernos un muy entretenido y dinámico directo cargado de sorpresas y lleno de emociones dirigidas por su maravillosa música.



Con el acertadísimo formato íntimo que sustenta su gira actual, bajo el acompañamiento del incombustible multi-instrumentalista Dirk Powell (guitarra, bajo, acordeón, violín, piano, mandolina, banjo), el percusionista Gabriel Harris, y puntualmente Emma, asistente personal de la Baez a la vez que dotada solista.

                              

De entrada la diva sola bajo el foco y su guitarra en mano, con sus formidables punteos y su garganta prodigiosa nos trasladó al festival de Newport a principios de los sesenta a pesar de estar en épocas y distancias muy lejanas y de interpretar“God Is God” un tema de un genio de generación bastante posterior como es Steve Earle. Por cierto, de él son varios de los temas de su último disco “Day Alter Tomorrow” (2008).

Luego poco a poco se fue ganando al respetable y arrancando los aplausos a base de una música que logra hablar por si sola, unas canciones (mayoritariamente versiones) con mensaje y reivindicación propia, vestidas y arregladas a medida, con mayor o menor apoyo instrumental, adaptadas para cada ocasión.

              

Especialmente ovacionadas fueron las catalanas “Itaca” de Lluis Llach, emblemática y reivindicativa, leída pero interpretando el momento y la tradicional “Rossinyol” incluida en su emblemático disco “Gracias a la Vida” (1974). También lo era en parte la sindicalista “No nos moverán” coreada por el teatro y convertida al bilingüismo; mientras que de un catalán como Joan Manel Serrat cantó la adaptación del poema de Miguel Hernández “Llegó con tres heridas” .

Otras aclamadas fueron las poesías prestadas de grandes como “su” Bob Dylan (“ It’s All Over Now Baby Blue”), Leonard Cohen (“Suzanne”) y Johnny Cash (“Long Black Veil”) esta última soberbia al violín y a dos voces. O los rescates del cancionero tradicional americano como “ The House On The Rising Sun” con un notable solo de bajo o “Give Me Cornbread When I’ m Hungry”, acompañado con un bailoteo de Joan y Dirk. Ni que decir cuando conectó a través de la música a dos mundos tan enfrentados como son el judío (“Dona Dona” coreada por todo el auditorio) y el islámico (“Jari Ya Hammouda” de ritmo a todo trapo); o cuando sonó su éxito “Diamonds & Rust” derivada a la guitarra.

                      

Para la recta final reservó la versión de “Gracias a la Vida” de Violeta Parra y el himno universal “Imagine” con una letra pluralizada (“ You May Say We’ re A Dreamers…”) que no tuvio rubrica con la esperada “Blowin’ In The Wind”. Fue el cierre de la velada que nos ofreció esta mítica trovadora del siglo XX que logró cautivarnos tras estar a la altura de su leyenda.


Por Alejandro Guimerà


Publicado en http://notedetengas.es/cronica-del-concierto-joan-baez-en-el-palau-de-la-musica-catalana-190315/

                     

viernes, 20 de marzo de 2015

DISCOS DE 2015: THE WATERBOYS- MODERN BLUES


Pocas son las veces que te pones un disco una primera vez y lo tienes que volver a escuchar otra y otra vez para atónito darte cuenta de la magia que se esconde detrás de él. Son obras en las percibimos un poso poco habitual que las distingue del resto y que sabemos que pasarán los años y seguirán sorprendiendo y emocionando como las que mas. Este es el caso de “Modern Blues”, el nuevo disco de los Waterboys.

La última referencia que teníamos de la banda, “An Appointment With Mr. Yeats” (2011), musicalizaba de modo entregado poemas del premio Nobel irlandés – ojo con “Sweet Dancer” -. Aunque no dejaba de ser un disco mas que correcto y cierto capricho personal de Mike Scott, escocés de nacimiento e irlandés de corazón, con el que quiso expresar una devoción por su cultura de acogida. Luego fue girando con una banda de la que él es prácticamente el único superviviente de los ochenta (también el violinista Steve Wickham) para revisar su material clásico ante los deleitados seguidores que aún conservan de antaño. Unas giras que dejaron constancia de su fornido legado también de que conservaban un buen estado con los instrumentos. Todo conducía a pensar que se trataba de otra gran banda revival, cuyos mejores momentos creativos habían aparcado en un pasado en el que se habían colado accidentalmente en una liga mainstream con la que nunca se sintieron cómodos.
                             
Es con tales antecedentes y contra todo pronóstico como nos han dejado helados tras arrojar este trabajo a las pocas semanas de 2015. Con él los “chicos del agua” dan un radical giro de timón a través de nueve cápsulas rockeras que recuperan las mejores esencias del género.

Surgido desde lo más profundo de las entrañas de Scott cuando este decidió irse con los suyos a Nasville (tierra country) para meterse en el estudio y rockanrollear como nunca antes había hecho. Pues lo nuevo lleva mucho de sonido norteamericano, casi nada de las habituales guitarras acústicas folk y si muchos riffs mezclados con solos eléctricos, menos (aunque siempre acertadísimos) violines que ceden protagonismo a unos titánicos teclados Hammond, que son el eje central del disco, pero también trompetas Stax, pianos, coros femeninos y acordeones. Y por encima de todo un Mike que canta su lírica con toda el alma puesta en la causa.

Ya de inicio dejan bien claro que han vuelto de verdad. La poderosa “Destinies Entwited” con sus aguerridas guitarras, épicas trompetas y el triunfalismo de la parte.

“November Tale” es la mas waterboys de todas, no sé si por su estribillo pop-folk o por el mayor protagonismo de las cuerdas rasgadas.

Luego el recio blues “Still A Freak” que es perfecto para los sintetizadores y piano - ¿es lo que no lograron los Black Keys en su último disco?- , para acto seguido relajar el tono con “I Can See Elvis” cuyos tintes latinos pueden recordar los primeros discos de Carlos Santana aunque el Nothern Soul se cruce por allí.

En “The Girl Who Slept For Scotland” aparece el romanticismo adn de la banda, con unos nebulosos efectos de voces en el estribillo y una sinceridad en las cuerdas vocales de Mike que alcanza de pleno.

“Rosalind (You Married The Wrong Guy)” está hermanada con la cara bluesy de Bob Dylan, a pesar de que aparece adornada con unos coros femeninos perfectamente ubicados. En cambio “Nearest Thing To Hip” la podría haber firmado Van Morrison a principios de los setenta, su tono acústico y tenue comienzo acaba enciendo una encandiladora artillería instrumental. Atención también a la rapsoda final. “Beautiful Now” es pop-rock dinámico con estructura compositiva propia de tipos como Elvis Costello.

Y para el final la tormenta de “Long Strange Golden Road” cuya escucha dura diez minutos y su calado una eternidad. No sé si es por sus inmensos teclados, por los desarrollos de guitarra robados del mejor Neil Young o por el desgarro de la voz que la sitúan entre lo mas bestia que ha dado el rock’ n roll en décadas.

                           

Con todo, a uno se le agotan los calificativos para definir al flamante “Modern Blues”, un disco hecho desde el corazón y que apunta directamente hacia la mejor tradición rockera americana. Que llegue Diciembre que yo ya tengo claro mi disco favorito del año.

Por Alejandro Guimerà


sábado, 14 de marzo de 2015

DISCOS DE 2015: CRACKER- BERKELEY TO BAKERSFIELD:

El bueno de David Lowery está que se sale. En 2013 sacó con Camper Van Bethoven el discazo "La Costa Perdida" con su variedad de sonidos tradicionales americanos, que tuvo un buen sucedáneo un año después con "El camino Real". Ahora sin hacer demasiado ruido, rescata su otra banda Cracker tras cinco años sin sacar nada y publica su décimo LP con 18 canciones repartidas en dos discos (solo disponible en cedé) con las que vuelve a adentrarse en el rock más clásico.

                                   
Con un título que hace referencia a dos ciudades californianas: la pequeña, costera y universitaria Berkeley y la interior, petrolífera y masificada Bakersfield. Dos mundos antagónicos y un viaje por el pasado e influencias musicales de Lowery y de su socio Johnny Hickman, a los que se añaden el rescatado bajista Dave Faragher y el batería Michael Urbano. Pues bien, el nuevo trabajo es un disco conceptual repartido en dos partes (simbolizadas por las cities). Un primer disco que evoca los sonidos de la Bahía de San Francisco, esto es, las variedades que coexisten en Frisco y aledaños, formas surgidas por el poso reivindicativo de los sesenta, por los ambientes universitarios bien estantes y por las actitudes más artísticas y bohemias de aquellos lares. Como el inicial folk con aromas de Simon & Garfunkel de "Torches & Pichforks", el surfpunk (Green Day son de allí) de "Beautiful", la hippie " You Got Yourself Into This", la lo-fi "Waited My Whole Life" y mucho rock independiente de pub (Reaction, Life In The Big City,...).

                                 
Cuando ponemos el segundo disco ya sabemos que nos encontramos en la carretera, los slides guitars, mandolinas violines aparecen a escena como se escuchan en los mejores tugurios recónditos de la América profunda. Es la banda sonora de la baja California, mas desértica, menos desarrollada y mas obrera, la que habla de botellas y desamores y no se interesa por las políticas de izquierdas ni los paisajes urbanos .
                           


Desde los vigorosos honky tonks ("California City Boy", "San Bernardino Boy" ) a piezas alt-contry que firmarían los mejores Wilco (especialmente desgarradora "Go On The Road"), a medio tiempos bucólicos como ("Almond Grove", "King Of Bakersfield") y baladas arenosas ("I' m Sorry Baby", "When You Come Down", "Where Have Those Days Gone").


Son los fabulosos matices de este ambicioso proyecto hecho por una banda que ha sabido retratar , a través de los sonidos del rock, el paisaje de un viaje de norte a sur por un estado plagado de contrastes. Americanos y californianos de raíces, Cracker nos dejan otro precioso homenaje a la tierra que les ha visto crecer tan alto.



Por Alejandro Guimerà

martes, 10 de marzo de 2015

Band Of Skulls - Music Hall 26/02/15:



La sala "Music Hall" desprende cierto  romanticismo, pequeña y  acogedora, su sonoridad y visualidad resulta ideal para los amantes de los conciertos no masificados.  Un sitio ideal para ver una banda pequeña con potencial de futuras estrellas.  Ese es el caso de los ingleses Band Of Skulls,  quienes dieron allí su primer concierto del año,  su debut en la ciudad catalana, y la antesala de su visita a Madrid (a la que ya conocían del  DCode) y de la gira Australiana junto con los consagrados Black Keys.

                          
Tras tres discos magníficos, y una propuesta rockera muy creativa, sorprendió la escasa acogida del mundo indie barcelonés ya que todo hacía pensar que el trío debería reunir  a mucho mas público en un recinto mayor.  Aunque a decir verdad no podemos quejarnos ya que los pocos que hubo estuvieron muy entregados y crearon un clima ideal para el deleite de unas canciones que suenan a las mil maravillas en vivo.
Bajo la batuta de la guitarra de Russell Marsden, la banda sonó muy compacta sin cometer fallos y desplegando una sonoridad casi perfecta.  Es Russel la voz principal y sobre todo un auténtico alquimista de la guitarra, con sus impredecibles efectos y mil y un trucos a las seis cuerdas. A su lado una desgarbada Emma Richardson con su atractivo misterioso  es quien se encarga del trabajo sucio del combo. Sus segundas voces y los efectos que consigue con el bajo rellenan los espacios y crean un clima melódico de las canciones que se complementan a las mil maravillas con la polivalente guitarra. Tras ellos, el batería Matt Hayward  les da el punto de energía que falta a sus compañeros, potente y ampuloso a las baquetas, con el colosal ritmo que imprime engrandece el sonido de los BOS.
                              

Si bien Russell y Emma son tímidos y afables, el bueno de Matt parece el mismísimo diablo aporreando los tambores. Sin duda alguna es la actitud rocanrol de los tres.

Abriendo con el blues  "Light Of The Morning"   del primer disco  Baby darling Doll Face Honey de 2009 con su parte final triunfal, luego encararon "Himalayan" del homónimo disco que presentaron, y  "You' re Not Pretty But You Got It Goin' On" del  Sweet Sour de 2012. Una de cada uno de los discos, y es así como se dividió un concierto en el que tocaron un poco de cada LP.

                            
A destacar la rítmica "Patterns" con Emma a la voz y sus contagiosos "ooh ooh".  También las nuevas y coreadas :  "I Guess I Know You Fairly Well",  la oscura y cañera "I Feel Like Ten Man Nine death And One Dying" y sobre todo "Brothers And Sisters" que es todo un hit.

                            

Para el clímax final una de sus mejores "Death By Diamonds And Pearls"  con sus aromas a los White Stripes, la potente "The Devil Takes Care Of His Town"  y "I Know What I Am" con sus parafraseos iniciales y su desarrollo bailongo que encandiló al público para cerrar la parte principal del directo. Para su vuelta la flamante "Hoochie Coochie" y la polivalente "Hollywood Bowl" .

Enorme concierto de una banda que crece con su directo y que te hace sentir especial y privilegiado de verlos, como si estuvieras viendo a unos jóvenes y desconocidos Nirvana o Sonic Youth en alguna recóndita sala a principios de los noventa.

Por Alejandro Guimerà

domingo, 8 de marzo de 2015

GRANDES DISCOS: Burritos Deluxe (1970) de THE FLYING BURRITO BROTHERS:


Con “Gilded Palace To Sin” los Flying Burrito Brothers habían protagonizado una auténtica revolución en el panorama musical. Coetáneos de las expansiones sonoras psicodélicas lo suyo fue presentar una propuesta totalmente desvinculada que se alejaba de las grandes ciudades en busca del campo y de sus melodías a las que les dieron un enfoque mas actual y sobre todo mas rockero. El resultado, la creación de un nuevo subgénero: el Country-Rock. Algo que los majestuosos  Byrds ya habían avanzado con su  formidable “Sweeetheart Rodeo” que alternaba versiones de clásicos del género con temas de cosecha propia.

Parsons y Hillman en el fatídico festival de Altamont (1969)

Del giro artístico de la legendaria banda había tenido gran parte de la culpa un joven llamado Gram Parsons al que incorporaron tras la marcha de Crosby, y al que cedieron altas cotas de protagonismo y creatividad. A las aportaciones de Parsons inmediatamente se añadieron el tapado Hillman y su vocación bluegrass y claro está, el alma de la formación Roger Mc Guinn.

                                                 
Con el tiempo se ha ido valorando lo que hicieron tanto los Byrds como los Burritos, pues a finales de los sesenta principios de los setenta, no había dos géneros más disasociados como el country y el rock. Mientras para los puristas del sonido rural cualquier intromisión de la música popular atacaba de lleno a su espíritu y tradición, para la audiencia del rock se veía el country como algo vetusto y totalmente opuesto a la moda y sobre todo, como símbolo a las mentalidades mas conservadoras del sur. Pero lo que pocos tenían en cuenta es que el rock´n roll en su creación bebió del Country para fusionarlo con el Ghospel y el Rythm and Blues. Si no, solo hacía falta con pensar en los primeros discos de un cantante de Tupelo posteriormente erigido como Rey del rock´n roll.

                                                
                                                Sweet Heart Of The Rodeo - The Byrds (1968)

Para la fomación de los Flying Burrito Brothers hay que remontarse al regreso de los Byrds a California tras grabar en Inglaterra, y al negativo desenlace del disco, pues las críticas al giro artístico llovieron proporcionalmente a las tensiones creativas entre McGuinn y Parsons. Este último huyó de la formación convenciendo a Chris Hillman para que le siguiera a adentrarse en los sonidos rurales para lo que posteriormente añadrían a Michael Clarke (batería de The Byrds) Chris Ethridge (bajo y teclados) y a Pete Kleinow (steel guitar). Como también encargarían unos impactantes trajes Country para la imagen de una banda que tomó el nombre prestado de otra que pasó a llamarse “The Flying Burrito East” tras la fama obtenida por los impostores con su debut “El Palacio Dorado del Pecado”.


La lujosa segunda entrega de la piedra roseta del country rock no se hizo esperar y ya estaba en las tiendas un año mas tarde.  En su arranque con “Lazt Days”,  escuchamos una presentación en español antes de la cañera instrumentación y los coros Byrds. En “Image To Me”, aparece la huella de Gram en forma de formidable balada con aromas de las profundidades del sur oeste americano. Lo mismo que en “Man In The Fog”, cuyo acordeón y gritos de fondo te transportan directamente a una sala de baile tejana, las delicias las pone la mandolina. “High Fashion Queen”  se encuentra entre rockabilly y bluegrass, y “If You Gotta Go” es acelerada a diferencia de “Older Guys” que es más pop y podría pasar perfectamente por una pieza de los Beach Boys post-pet sounds a pesar de que la crudeza de voz y guitarra podrían delatar la impostura. Y por si alguien buscaba una balada de tintes religiosos allí está “Father Along” con sus coros ghospel. Otra balada es “Cody Cody” suave y delicada, protagonizada por el slide, pero también por la mandolina, piano y coros. Suave y delicada. El sentir mas puro de Parsons se percibe en “God´s Own Singer”, cántico  religioso sobre el fondo de unos finos violín y slide guitar. La parte Byrd del álbum la pone “Down In The Churchyard”. Para el cierre “Wild Horses”, prestada de los Rolling Stones, y anterior a que sus autores la incluyeran en su  providencial “Sticky Fingers”. Las diferencias entre una y otra versión son nimias si bien la sentida y carismática interpretación vocal de Jagger nos obliga a que nos decantemos por la de sus majestades satánicas.

Después de “Burrito Deluxe”, Parsons abandonaría el proyecto para acuñar en solitario otras dos gemas del “Nuevo Country”,  “GP” (1972) y “Grievous Angel” (1974) - este último publicado póstumamente – , introducir a la música vaquera a Keith Richards y  amasar una auténtica fortuna de herencia familiar, lo que precedió a su muerte por sobredosis contando solo con 26 años.

                                  
                                                                   Keith Richards y Gram Parsons (1971)

Curioso que sus aventuras no acabaran con su fallecimiento, pues su productor Phil Kaufman (amigo y colaborador también de la familia Charles Manson), quiso cumplir una promesa con Gram para lo que secuestró su cadáver en el aeropuerto antes de que fuera embarcado hacia Nueva Orleans lugar donde tenía que ser enterrado, cerca de su familia. Kaufman junto a un amigo común se llevaron el cuerpo robado al desierto de Joshua Tree y allí oficiaron un rito quemándolo con gasolina y emborrachándose a su salud. Legendario y prematuro final para un nombre sin el cual no podríamos comprender el nuevo rock campestre.

Por Alejandro Guimerà


Image To Me:

Yes i know she's the life of the party
and without her things here would die.
oh but don't be fooled by her laughter
she has her said times and she knows how to cry.
She drinks and she talks just a little to loud
and with her bright...she hangs around with any old crowd
yes i know i'm to blame and i feel so ashamed
that i made her the image of me.
-instrumental-
I met her in a little country town
she was simple and old fashioned in some ways
but she loved me till i dragged her down
then she just gave up and drifted away.
She drink and she talks...image of me.
yes i know i'm to blame...image of me.

jueves, 26 de febrero de 2015

LET' S GO MURPHYS : Crónica del concierto de los Dropkick Murphys en la Sala Razzmatazz ( 17/2/15)


Enmarcado en la gira “CELTIC PUNK INVASION TOUR” la doble visita española de los DKM arrancó ayer en la barcelonesa Sala Razz – por cierto en Madrid ya hace días que han puesto el cartel “sold out” – con un programa que comenzó a las siete de la tarde con The Mahones, para luego seguirles Blood or Whiskey & Bryan McPherson. Pero el plato fuerte eran los bostonianos que parece que le han tomado cariño a nuestras ciudades por lo menudo que las visitan y por los llenazos que consiguen. Y es que la sala estaba a petar antes de las nueve y media, hora que arrancó el directo, de un público local y foráneo, veterano y jovenzuelo sediento de la fiesta que prometía la banda.
                   
Con toda puntualidad las luces se apagaron para aparecer en la pantalla el logo del grupo entre una misteriosa humareda a la vez que sonaba una balada tradicional deSinnead O’ Connor. Tras tal expectación los siete músicos se situaron rápidamente para abordar un inicio atronador. Comenzando con “Out Of Our Heads” y su declaración de intenciones “Here we go, here we go We’re out of our heads, and it’s starting to show”, cantaban mientras los primeros remolinos se formaban en la pista. Luego “Citizen C.I.A.” con sus aromas a los Clash, “The Gangs All Here” y un plato fuerte avanzado como la fabulosa “Rose Tatoo” coreada al unísono por toda la audiencia. La tradicional “Rocky Road To Dublin” con las imágenes de boxeo clásico de fondo, homenajeaba su pasión por aquel deporte y por la lucha en general. Una lucha que se vivió a lo largo y ancho de la pista, con los habituales bailes hormonales de sus seguidores alentados por un Al Bar que, siempre bien erguido y tras su boina y tatuajes, cumple perfectamente el papel de hombre duro de la banda con su agreste voz, gestos de boxeo y actitud rebelde. Para cuando el otro líder y bajista Ken Cassey adquiere el papel de solista principal desaparece de escena. Son quizás las canciones de Ken las menos punks de su repertorio, seguramente mas idóneas a su voz más dulce y profunda.

                         
Pero ante todo, los Dropkick sonaron compactos, dando muestra de su energía punk y melodías celtas, con todo su arsenal de instrumentos (gaita, acordeón, flautas,…) y la potencia de una batería que les hace elevar el tono de sus interpretaciones.

                   
Fue de este modo como a lo largo de la escasa hora y media que estuvieron tocando lograron tener del todo entregados a su público hasta que abordaron la recta final con platos fuertes como “The Warriors Code” o “Johnny, I Hardly Knew Ya” antes de que se plantara en el centro de las tablas el también bostoniano Bryan Mc Pherson que interpretó la folky “Caps And Bottles” con su harmónica y guitarra acústica, completada al final con los auténticos protagonistas de la velada. Luego se sumaron el resto de “teloneros” con el himno “I’ m Shipping Up To Boston” que fue el punto y final previo a los previsibles bises. Estos, arrancados por todo el auditorio coreando “Let’s Go Murphys! Let’s Go Murphys!” comenzaron con la ilustrativa “The Boys Are Back” y “Kiss Me I’ m Shittfaced” momento en que hicieron subir al escenario a un grupo muy numeroso de jovenzuelas con Ken desplegando toda su simpatía. Luego el meollo de arriba se fue ampliando con la subida de chicos que pudieron bailar junto a sus ídolos “Skinhead On The MBTA” y gritar al unísono “United” de la final “If The Kids Are United”.

                        

Este fue el fin de fiesta del gran directo de esta buena banda digna heredera de los Stiff Little Fingers y los Pogues, que a muy seguro se debe disfrutar mucho más yendo del todo borracho y dispuesto a partirse la cara bailando como si te fuera la vida.


Texto: Àlex Guimerà Fotos: Juanjo Cordero

                      

Publicado en http://notedetengas.es/cronica-de-concierto-dropkick-murphys-sala-razz-barcelona-170215/

viernes, 20 de febrero de 2015

DISCOS DEL 2015: The Decemberists/ What A Terrible World, What a Beautiful World:


Finalmente ha llegado al mercado el séptimo disco de estudio de The Decemberists. Tras el aclamado y luminoso “The King Is Dead” de 2011 ha llegado “What A Terrible World, What a Beautiful World” con una enorme expectación para ver si lograban mantener el nivel de su antecesor. Lo fácil hubiera sido repetir fórmula, pero ya se sabe que los de Pórtland son imprevisibles, tal y como con su última entrega dejaron atrás la senda ópera-indie del “The Hazards Of Love” ahora han querido alejarse del country-pop mas tradicional para hacer un disco que no siendo fácil, va haciéndose apetecible con las escuchas, valga el tópico.



Y es que los matices, la complejidad de los arreglos y la amalgama de influencias son el poso que fluye del nuevo vinilo. para empezar “The Singer Adresses His Audience” que arranca acústica y sentida para acabar en medio de un coro góspel y de unas distorsiones de guitarra.

“Cavalry Captain” evoca el sonido Filadelfia sobre todo por sus deliciosas segundas voces y las bailongas trompetas. Luego llega uno de los momentos cumbres con “Philomena”, cuyo estribillo cautivador y saltarín se rinde a unos coros “vintage” para darnos una auténtica lección pop. Maravillosa.

“Make You Better” es el single de presentación que ya conocíamos y uno de los temas mas evidentes, no falto de su punto melancólico perfectamente equilibrado con lo rítmico que lo hermana con el “Authomatic Of The People” de los REM.

Mas desnudas “Lake Song”, que flota entre violines y el piano; “Hill The Water’ s All Long Gone” que transmite a través de la proximidad vocal de Colin Meloy y unas segundas voces y violines que hemos escuchado mucho en el pasado en el viejo Leonard Coen; la arenosa e íntima “Carolina Low” con su toque religioso; y “12/17/12” con protagonismo de la harmónica, guitarra acústica, una tenue sección rítmica y un mensaje que surgió tras ver al presidente Obama hacer el discurso a la nación después de los asesinatos en el Instituto de Newtown en 2012.





“The Wrong Year” lleva una guitarra rítmica The Cure (en su versión descafeinada), acordeón y mucho rasgueo de cuatro cuerdas, mientras que “Anti- Summersong” parece escapada del anterior disco de los decembristas, por su estribillo redondo y su toque mas tradicional.

“Easy Come, Easy Go” en cambio presenta unas guitarras y unos efectos de ritmo propios de las bandas sonoras de los westerns de Ennio Morricone. El vendaval llega con “Mistral” y su mejunje de harmónica, acompañamiento vocal y solo de guitarra.


                   

Luego el final perfecto con “ A Beggining Song” – aunque pueda parecer mal ubicada- medio tiempo sincero y puro, directo y épico, con su grandilocuencia y sus zumbidos-efectos sonoros inclusive. La rúbrica perfecta a este “What A Terrible World, What a Beautiful World” . El inesperado (en el buen sentido) nuevo disco de los Decemberists, lleno de sorpresas y bastante alejado del “The King Is Dead”, siendo buenísimo por otros conceptos. Los violines abandonan el establo y se meten en la cámara, las guitarras ya no cabalgan sino que puntean, y la voz principal se acerca y se apoya en unos coros que rozan la excelencia. El resto lo ponen las soberbias composiciones de este genio de gafas y peinado anticuado.

Por Alejandro Guimerà
Publicado en http://notedetengas.es/the-decemberists-what-a-terrible-world-what-a-beautiful-world/

viernes, 13 de febrero de 2015

BOB DYLAN- THE COMPLETE THE BASEMENT TAPES: Relato de cómo se gestaron las cintas del sótano:


El comienzo de esta historia se remonta en el año 1966. Dylan ya se había "electrificado" y el Show Bussiness lo había absorbido hacia el Olimpo de los Dioses del Rock merced a la santísima trilogía " Bringing It All Back Home" - "Highway 61 Revisited" (1965) - "Blonde On Blonde" (1966). No cabe duda de que aquel tipo de solo 25 años ya lo había hecho todo ¿Qué nuevo disco se le podía exigir sino? Entonces cuando nadie se lo esperaba llegó el 29 de julio y el fatídico accidente con su Triumph 500 en Woodstock, un final perfecto y el que podría haber sido el nacimiento de un nuevo mito de muerte prematura (James Dean, Buddy Holly, Sam Cooke,...). Pero no, el bueno de Robert Zimmerman tenía una infinidad de cosas que hacer y que ofrecernos, y el accidente sólo sirvió para que se apartara de su odiada vida pública amén de crear especulaciones en torno a su desaparición.
                                   

Tras pasar un mes recuperándose en casa del doctor Ed Thaler en un pequeño pueblo de la zona llamado Middleton, en el que logró un anonimato impensable para él en aquellos tiempos, Dylan hizo que su mánager Albert Grossman cancelara una macro gira de 64 conciertos dado que había decidido recluirse por un tiempo en la mansión " Hi Lo Ha" (Woodstock).

La falta de detalles de aquellos días ha llevado a realizar especulaciones como que en realidad Dylan murió en el accidente de moto y que luego se impuso a otra persona para suplantarlo - al estilo de otro músico de carrera longeva, Paul Mc Cartney - o que en realidad no hubo tal accidente y que la "falsa reclusión" de Dylan era en realidad un proceso de desintoxicación.

Aunque la verdad es que Dylan en esa época mantuvo contacto con los miembros de su banda de acompañamiento "The Hawks", con quienes se había desgastado en una gira de 1965 y 1966. Con ellos empezó tocando primero en el salón rojo de su casa para luego pasar al mítico sótano de "Big Pink", la casa en la que se hospedaban aquellos por 125 dólares al mes.
                                
Con un enorme secretismo el bardo y los futuros miembros de The Band, los multi instrumentistas Robbie Robertson, Rick Danko, Richard Manuel, Levon Helm (el batería se incorporó algo más tarde) y Garth Hudson, empezaron a tocar juntos para matar el tiempo, siendo sesiones tan productivas que decidieron grabarlas. Con el ánimo de tocar libremente lo que les apeteciera, reinterpretando el cancionero popular americano que había recopilado Alan Lomax en la Gran Depresión, probando con nuevas composiciones que seguían surgiendo de la chistera de Dylan, abordando piezas country o rythm' n blues y en definitiva buscando la vuelta a los orígenes de lo que debe ser la música, alejada del ojo público y de su feroz industria.
                                       

El resultado de todo, una conexión letal entre los músicos, con largas funciones en las que las risas, las probaturas, las emociones a través de las notas, la evasión y la creatividad fluyeron en aquel humilde sótano de aquel lugar recóndito en medio del bosque mientras el mundo seguía su camino. Era 1967 y los cambios sociales florecían mientras que las luchas por los derechos civiles abundaban en las calles, la guerra de Vietnam arruinaba la vida de mucha gente, el sexo y las drogas cada vez eran menos tabús, el arte abría puerta tras puerta y la música en concreto expandía sus posibilidades capitaneados por el "Sgt. Peppers" y el "Pet Sounds".

Pero el hasta entonces héroe juvenil, ídolo musical y líder de los movimientos anti-sistema, nadaba a contracorriente en su propio río, haciendo lo que le apetecía y sin someterse a ningún mandamiento. Quería divertirse con la música, crear nuevas canciones, experimentar, aprender y en definitiva fluir.


En aquellas sesiones se registraron hasta más de 100 canciones recogidas en 40 cintas que quedaron años en el limbo. Aunque a decir verdad, las filtraciones del material dieron paso al nacimiento de la piratería musical o lo que es lo mismo a la aparición de los discos "no oficiales". El mito de los discos fantasma tuvo su punto y aparte en junio de 1975 cuando se editó el famoso doble disco de 24 cortes bajo el título “The Basement Tapes”. Una compilación fabulosa prácticamente integrada por las composiciones originales de Dylan que no reflejaba las dimensiones del legado del sótano.

                                  
Han tenido que pasar 46 años para que finalmente, lo que nació como un divertimento privado sin más aspiraciones, acabara empaquetado en "THE BASEMENT TAPES COMPLETE: THE BOOTLEG SERIES 11", siguiendo con la colección Bootleg que año tras año nos va engordando la herencia del genio de Minnesotta. Aunque lo nuevo ha traído también una edición "RAW" que se reduce a dos álbumes de 19 cortes cada uno y que en realidad anda bastante parejo al disco de 1975.

Para los coleccionistas y curiosos lo más recomendable es la edición completa, sólo esta es capaz de transmitir las sensaciones de las jornadas musicales de 1967, solo la macro-edición evoca el feeling entre músicos y el espontáneo proceso creativo de Dylan. Es en la edición completa dónde tenemos los 139 temas que se fijan como cifra máxima de las "cintas del sótano".

                                         

Para quienes tengan la fortuna (nunca mejor dicho) de acceder a los seis vinilos, que tengan en cuenta que los medios rudimentarios en que fueron capturados ofrecen la impresión de ser más antiguos del 67 (año de los estudios multi-pistas), lo que refuerza las sensaciones de autenticidad, por algo se señala ese momento como el nacimiento del lo-fi que tantos momentos de gloria nos dio en los años noventa.

Dicho esto, aconsejaremos a los oyentes que se dejen llevar, que investiguen, que busquen y se pierdan entre el montón de canciones. Que entiendan que no se trata de un disco al uso, pues no se grabó como tal, más bien es un enmarañado viaje musical lleno de pequeñas jam sessions de todo lo que en aquel momento les interesaba a sus artífices.

Como la música negra con la combativa "People Get Ready" escrita por Curtis Mayfield para sus The Impressions, o el blues de piezas simpáticas como “All American Boy” de Bobby Bare y “Tupelo” de John Lee Hooker. El Country, que aparece en “You Win Again” de Hank Williams, “A Satisfied Mind” de Jack Rhodes o en “Four Strong Winds” y “The French Girl” del cantautor canadiense Ian Tyson (de Ian & Sylvia) . También en “A Fool Such As “ popularizada por el mismísimo Elvis y en “Folsom Prison Blues”, “Big River” y “Belshazzar” de otro rey como es Johnny Cash. Tampoco faltan las reinterpretaciones de clásicos del Dylan Folkie como "Blowin' In The Wind", "It Ain' t Me Baby" o "One Too Many Morning".

Pero el peso pesado del disco lo aguantan dos bloques: las antes citadas canciones tradicionales y los temas de nueva creación.

Para los temas de nueva creación, aparecen algunas ya archifamosas dentro de la discografía del bardo como la reivindicativa "I Shall Be Realised" o "Quinn The Eskimo (Mighty Quinn)" que daría la vuelta al mundo el año siguiente a manos del grupo pop Manfred Mann, o "You Ain' t Goin' Nowhere" y "Nothing Was Delivered" incluidas en clave country en el disco de los Byrds "Sweethert Of The Rodeo" (1968) con voz de Gram Parsons . También otras bastante desconocidas como "I' m Not There", inédita hasta la inclusión en la BSO de la controvertida película de 2007 de mismo nombre. Y las que ya conocíamos del disco de 1975 como "Odds And Ends", que sigue la estela del "Blonde On Blonde"; el maravilloso medio tiempo "Too Much Or Nothing" o "Open The Door, Homer".

Sin olvidarnos de las colaboraciones con The Band "This Wheels On Fire" (Rick Danko) y "Tears Of Rage" (Richard Manuel), ambas incluidas en el seminal debut de aquellos "Music Froim The Big Pink" (1968).
                                        

Si nos centramos en las tradicionales, no todas son covers folk, también hay rockabilly ("Roll on Train"), rock de acento mejicano ( "Mary Lou , I Love You Too"), revisiones pop-folk ("Santa Fe" que ya la conocíamos del Bootleg Series Vol. 1-3), baladas emotivas ("Bells Of Rhymney" también robada por el "Sweetheart Of The Rodeo"), y un interminable etcétera reflejado en distintas tomas de la misma canción, con fluctuaciones no solo de tono, melodía y ritmo sino incluso de letra.

Allí está precisamente la grandeza de las BT, ser testigo con la oreja de la privacidad de estos tipos tan grandes, como son Robbie Robertson, que nunca lo fue tanto, con una guitarra magistral y llena de matices según la canción, o Rick Danko, bordándolo con el bajo puesto al servicio del resto de instrumentos, ni que decir de Garth Hudson, con unos teclados casi primitivos pero en tantas ocasiones preciosos, o Richard Manuel capaz de abordar con excelencia el instrumento que le pongas delante, lo mismo que Levon Helm quien además fue el encargado de las grabaciones y los años posteriores de su custodia. Y por encima de ellos el propio Dylan, que no lo vamos a descubrir aquí pero que en aquellas sesiones introdujo las variantes y los registros de voz, a pesar de que a veces dejara protagonismo a las de sus compañeros, con unas armonizaciones que luego serían santo y seña en The Band.



Es a grandes rasgos el sonido de unas canciones hechas desde la paz y el sosiego, desde la distancia con el mundo y por quien se siente libre con su arte alejado de las presiones de las discográficas. Un sonido que ha llegado a los fans fragmentado a lo largo de los años, rodeados del misterio y de la leyenda, y que por fin casi medio siglo después podemos gozarlo en nuestros equipos y meternos de lleno en la intimidad de unos músicos irrepetibles. Benditas sesiones.


Por Alejandro Guimerà

Publicado en http://www.elgiradiscos.com/2015/01/bob-dylan-basement-tapes-complete.html

viernes, 6 de febrero de 2015

DISCOS DEL 2015: Belle & Sebastian- Girls In Peacetime Wants To Dance:


Estamos a principios de año y ya empezamos a encontrar los primeros discos más esperados del ejercicio.  Este es el caso del "Girls In Peacetime Wants To Dance", anunciado nuevo disco (noveno de estudio) de los escoceses Belle & Sebastian, del que ya nos habían adelantado el año pasado un primer single. Se trataba de la desconcertante " The Party Line" con sus formas de synth pop sin sustancia que nos hicieron temer que los de Stuart Murdock no se hubieran tirado a la piscina sin agua como habían hecho recientemente los suecos  Mando Diao. Para nuestra tranquilidad, una rápida escucha del nuevo compendio ha ahuyentado nuestros fantasmas al comprobar que el abuso de los sintetizadores ha sido moderado y en ocasiones incluso acertado. Es el caso de "Enter Sylvia Plath" cuya melodía ascendente entronca con los mejores momentos de aquel movimiento ochentero - aromas a Pet Shop Boys y al "Terra Titanic" - . Otro caso es "The Book Of You" en la que la electronización se cruza con elementos de la factoría Spector, lo que junto con la dulce voz de Sarah Martin dan un buen resultado. Aunque la más destacable de la estirpe es "Play For Today" cuya alternancia de voces, teclados oníricos y épica lo llevan a terrenos "Dream Pop" que le sientan de maravilla.  
Espantadas las sombras del Synth Pop el resto del álbum es mas bien conservador, pues sigue los cánones "Twee Pop" de la banda: melodías simples, voces cálidas, pop sereno, rica instrumentación y por encima de todo las altas dosis de dulzura.
Desde la autobiográfica  "Nobody' s Empire" , de guitarra preciosa y estribillo seductor, Stuart nos cuenta los obstáculos de su infancia con sus problemas de salud. Maravillosa pieza es también es la balada "The Cat With The Cream", tierna, etérea y no falta de unos violines ambientales deliciosos. La réplica de Sarah es "The Power Of Three", con su voz susurrante,  teclados arrebatadores y aromas popies retros.
                             
También mira hacia atrás, aunque esta vez en la década de los setenta, "Perfect Couples"  de influencias acid jazz, funkys y de la música disco de esa época. La enérgica "the Everlasting Muse" tiene elementos de la música celta, mientras que "Ever Had A Little Faith?" retoma los primeros discos de los B&S. 

A pesar de la variedad de los sonidos "Girls In Peacetime Wants To Dance" suena compacto y nos confirma que estos tipos siguen profundizando y descubriéndose en los sonidos pop como nadie, buscando nuevas influencias para no caer en la repetición a la vez que manteniendo su inimitable esencia. Y aunque tarden cada vez más tiempo en sacar nuevos discos, se distraigan con otros proyectos (cine, literatura,...) y ya hayan pasado sus mejores momentos, los Belle & Sebastian siguen engordando un legado de música pop sin parangón en nuestros días.