En la época del F.O.M.O. (fear of missing out) resulta muy habitual describir aquellos eventos a los que uno acude como algo irrepetible que uno ha tenido la divina fortuna de poder vivir. Todos los conciertos a los que la gente acude parecen ser algo magnífico e histórico, cuando la realidad muestra que los conciertos pueden ser horribles, malos, decentes, buenos y excelentes. Sin embargo cada X tiempo la regla se rompe y existe la posibilidad de acudir a un bolo soberbio, histórico, de aquellos que al pasar los años, mirando hacia atrás uno recordará como un hito.
Es lo que sentimos la gran mayoría que acudimos a la Sala 2 de Apolo el pasado día 26 de septiembre tras presenciar el directo de esta bandaza emergente llamada Briggete calls Me Baby.
Y es que no era complicado imaginar tras escuchar su disco de debut "The Future Is Our Way Out" (2024) y el flamante "Irreversible" (2026) que la banda podía tener un gran directo. No sólo por las grandes canciones que ambos discos esconden, ni por el vozarrón que se escucha de su cantante Wes Leavins - ojo que el tío antes de la banda se forjó en musicales de Elvis, casi nada - , o de la instrumentación frenética que demostraban, si no porqué intuimos que el quinteto está destinado a hacer grandes cosas, a tocar en grandes festivales y recintos y ante grandes audiencias. Por eso, la presente gira era una oportunidad única de poderlos ver de cerca y en su primer paso por nuestras salas (el día antes actuaron en la pequeña Galileo Galilei de Madrid con el cartel del "sold out".
Pero antes la presentación de los locales "Penélope", con su cálido sonido mediterráneo en los que fusionan el flamenco, los ritmos latinos y la electrónica y la música mas experimental, con las voces de Aitana Chanca y Magí Valls dejaron un buenrrollismo en esa audiencia ávida de gozar de esa banda de la que a buen seguro alardearán en un futuro haber descubierto en sus inicios.
Con los de Chicago a sus puestos el show arrancó de la mano de los ambientes tecnopop de "These Acts of Wich We Are Designed", aunque inmediatamente la cosa se puso cañón con la tremenda "Truth Is Stranger Than Fiction" un hit se mire dónde se mire y en la que se reflexiona sobre el devenir de la actualidad.
Las luces mostraban la banda lo más épica posible, con el capitán de a bordo, Wes Leavins desplegando todo su magnetismo, y no solo por una garganta de la que no estamos preparados ni para escuchar en disco y menos en directo, si no por su teatralidad misteriosa, viviendo y sintiendo las canciones sin grandes aspavientos, demostrando que el suyo es un talento inusual, al margen que las maravillosas composiciones van a su cargo. Pero es que sus compañeros de a bordo no van alejados, especialmente Jeremy Benshish a la batería quien da empaque a lo bestia con su batería y parece el centro musical del equipo. Luego las guitarras rítmicas, los teclados y el bajo acaban de conformar una música que bebe de los Smiths, The Cure (¿y por qué no los Killers?), el pop de los ochenta pero también de los pioneros Elvis Presley o Roy Orbison. Además la estética está muy cuidada con esos tupés, pelos afro o ese llok de un Jack Fluegel que parece un joven Mick Ronson (de los Spiders Of Mars de David Bowie) con los deods de Johnny Marr.
Y el directo nunca descendió, con gemas como la post punk "Fine Dining" o una "I Danced With Another Love In My Dream" que podría haber firmado el mismísimo Robert Smith. O esas "I Wanna Die In The Suburbs" o "Pink Palace" que miran directamente a la cara a los Smiths, con esas gloriosas frases como " I wanna die in your four-car garage" o "Decapitation and masturbation Don't go hand in hand" dignas de un jóven Mozz. Y para los finales (del set y con los bises) pirotecnia mayúscula con "Slumber Party" e "Impressevely Average", himnos indie para hacer saltar a la audiencia rubricados con el canto del salvaje tenor popie Wes.
Sobran las palabras para expresar lo vivido, una formación a la que auguro un futuro muy prometedor. No sabemos si han surgido en la época adecuada y si la juventud del tick-tock y de los videojuegos se encandilará de la pasión que desprenden su cancionero. Tal vez. Por nuestra parte, rozando los cincuenta, nuestros días mas efervescentes han quedado atrás, y nos conformamos a ser testigos de la evolución de esta formación que lo tiene todo para llegar a lo mas alto.
Por Àlex Guimerà








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